• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 20 No. 690    

Muchos tiradores en Hermosillo

Azalea Lizárraga / azaleal@prodigy.net.mx




Nota publicada: 2018-01-18


Confieso ver con escepticismo esto de las candidaturas independientes y no por considerar  que los mejores candidatos sean aquellos postulados por los partidos políticos. Ejemplos al contrario, sobran.

Coincidirá usted conmigo en que, al menos en México, la ciudadanía hace mucho tiempo dejó de creer en los partidos y aunque empezamos a tener mayor injerencia en el accionar de los funcionarios públicos, todavía no le encontramos la cuadratura al círculo, sobre todo en lo que respecta al cómo evitar sus desmanes, derrapes, prepotencia y arrogancia que los cubre como manto fatídico al llegar al poder.

Cuando pareciera que apenas estamos aprendiendo que existe la alternancia y que ésta depende del voto ciudadano, empezamos también a percatarnos de que cada día hay más ciudadanos honestos y valientes que se atreven a cuestionar el status quo de la política sui generis que, en lo general, ya muestra signos de atrofia severa, sobre todo bajo la sombra protectora de los partidos políticos.

Es reconfortante pues percatarse de que algunos de estos aspirantes a una candidatura independiente son ciudadanos que vienen avalados por una trayectoria honesta, hasta donde trasciende su vida pública o privada, de interés genuino por cambiar la forma del qué hacer, cómo y hasta dónde.

El prietito en el arroz se genera cuando los visualizamos como ex militantes de cierto nivel en determinado partido, por lo que cabe la posibilidad de que hayan abandonado sus filas no solo por considerar el grado de corrupción imperante en ese partido que por tantos años los cobijó y, en algunos casos, hasta les permitió ser de la élite del poder que tomaba las decisiones en su seno, sino que lo hacen por razones menos nobles y hasta cuestionables.

Los hay quienes se lanzan por protagonismo histriónico o para permanecer en las primeras esferas del poder; por sueños guajiros de ser lo que ningún partido les ha permitido ser –incuestionable para ellos pensar que a lo mejor no cuentan con méritos para ello-; y, como especies raras todavía, los que realmente aspiran a cambiar la forma de hacer y ver la política y consideran que solo sin ataduras a partido político alguno puede gobernarse a favor de la sociedad.

Ojalá que entre los ahora suspirantes, haya de estos garbanzos de a libra.

De entrada, cuando menos para la alcaldía de Hermosillo, hay dos caballeros que los hermosillenses vemos con buenos ojos. El primero es el ingeniero Norberto Barraza Almazán, de quien muchos guardamos recuerdos agradables y satisfactorios de su paso por el ayuntamiento que presidió el panista Jorge Valencia, al frente de una de las dependencias más cuestionadas, la de Servicios Públicos Municipales; y aunque también trabajó con el priista Guatimoc Iberri, no alcanza nuestra memoria a definir su actuación en ese trienio, tal vez porque los publicitados encontronazos entre el Guaty y el entonces gobernador Beltrones opacaban cualquier desempeño municipal. 

Ignoro si Barraza militó o no en dichos partidos, pero los viejos moradores dicen que su desempeño fue siempre muy profesional. Tal vez por ello se animó hace algunos ayeres a buscar la alcaldía de esta desnaranjada ciudad bajo las siglas del Verde Ecologista, con los resultados obvios de una época de  bipartidismo total.

Por el carril paralelo está el zaino de Agua Prieta, David Figueroa Ortega, con muchos ex en su haber:  ex militante panista que presidió al partido a nivel estatal; ex alcalde de la tierra del Mijito Terán, nomás para que se den una idea del mérito de haberlo sido; ex diputado federal;  y uno de los más fuertes aspirante a la candidatura de su partido para la gubernatura de Sonora, misma que perdió ante el ex gobernador Guillermo Padrés, de no muy gratos recuerdos para muchos sonorenses.

David se resistió en los últimos casi nueve años a abandonar las filas de su partido, convencido de que éste podía regresar a sus principios con el trabajo interno de los militantes de convicción que como él, buscaban mayor apertura y respeto a las doctrinas de sus fundadores. No pudo hacerlo y ahora busca, como candidato independiente, los cambios que nuestra ciudad capital requiere.

Que no es originario de esta ciudad, no le resta méritos para aspirar y ser electo. Hermosillo es una ciudad que se ha ido transformando para dejar de ser la otrora provincia tranquila en la que solo los hermosillenses teníamos “vela en el entierro”a la hora de la toma de decisiones sobre su futuro.

Por ello, me extrañó sobremanera escuchar de voz de Ma. Dolores Del Río, dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, que su aspirante a la alcaldía de esta ciudad, el diputado Carlos León, merece serlo porque nació en  Hermosillo. Ejemplos de que ello no basta, los hay de sobra.

Y ya que ando por rumbos del partido naranja, por obvias razones destaco las aspiraciones de   Rosa Elena Trujillo, la Pinky,  de contender en su momento por la diputación local del distrito 9 de Hermosillo. Aguerrida regidora en la actual administración del Maloro Acosta, es garantía de que, cuando menos, se atreverá a impulsar acciones legislativas que beneficien a la ciudadanía y será cuchillito de palo en esto de velar por los mejores intereses de su Alma Mater, la Universidad de Sonora, ahora que se visualizan tiempos difíciles para las instituciones educativas públicas en materia presupuestal. El problema de pensiones y jubilaciones de los búhos universitarios, no le es desconocido y algo positivo saldría con su presencia en el Congreso. Al tiempo.

@Lourdesazalea

 



Más información en esta sección ..

Opiniones