• Hermosillo, Sonora, México a     |  Año 24 No. 724    

Reino Unido busca estabilidad interna antes de negociar con Bruselas

LA VANGUARDIA DIGITAL /




Nota publicada: 2018-07-11

Londres, 11 de julio del 2018.- Hace veintiocho años, en un verano igual de caluroso que el actual, con Inglaterra también en las semifinales de un Campeonato del Mundo de fútbol como ahora (perdió en los penaltis contra Alemania Occidental), otra primera ministra del Reino Unido empezó a tambalearse a base de recibir golpes de sus rivales dentro del propio Partido Conservador, y sólo pudo aguantar dando tumbos hasta noviembre, cuando perdió la confianza del gabinete y sus ministros, uno tras uno, se presentaron en el número 10 de Downing Street para decirle que había llegado el momento de marcharse. Se trataba de Margaret Thatcher.


May, la primera mujer que ha llegado a esa ilustre dirección desde la Dama de Hierro, no quiere correr la misma suerte, y sabe que más importante que el apoyo del grupo parlamentario tory o de la prensa afín es la lealtad del Gabinete. Ayer presidió su primer Consejo de Ministros con el nuevo equipo tras las dimisiones de Boris Johnson y David Davis (con sus sitios ocupados por Jeremy Hunt y Dominic Raab, respectivamente), a fin de restablecer su precaria autoridad y en busca de la estabilidad que necesita para negociar algún tipo de Brexit mínimamente digno con Bruselas.


Las cuatro principales carteras están ahora ocupadas por políticos ‘tories’ que votaron a favor de seguir en la UE


Los problemas de May con el ala más euroescéptica de los tories estaban más cantados que un gol de Messi solo delante del portero desde que, tras haber empezando fijando una serie de líneas rojas y diciendo que “Brexit significa Brexit” y que “más vale irse sin acuerdo que con un mal acuerdo”, ha cambiado progresivamente de sintonía bajo presiones del empresariado, hasta finalmente optar por una fórmula edulcorada de salida de la Unión Europea, con un pie en el mercado único y la unión aduanera, pagando a Bruselas, y aceptando en buena medida la jurisdicción de sus tribunales. Y es casi seguro que ni siquiera eso satisfaga a sus interlocutores, porque equivale a un menú a la carta para Londres (zona de libre comercio en productos industriales y agrícolas, pero no en servicios) y desafía el principio de las cuatro libertades (sí a la de mercancías, bienes y servicios, pero no a la de trabajadores). Lo primero que le dirá Michel Barnier a Dominic Raab (el nuevo ministro para la Salida de Europa) cuando se reúnan la semana que viene será: “Enchanté de faire votre connaisance, mais ça ce n’est pas possible, monsieur, je suis désolé ” (encantado de conocerle, pero eso no es posible, lo siento mucho).


Es representativo del nuevo rumbo de May que las cuatro principales carteras estén ahora ocupadas por políticos tories que votaron a favor de la permanencia en Europa (Jeremy Hunt en Exteriores, Philip Hammond en Economía, Sajid Javid en Interior y Gavin Williamson en Defensa), aunque algunos de ellos digan por razones tácticas que ahora lo harían por el Brexit. En el Consejo de Ministros, la premier dijo que el libro blanco con las propuestas a Bruselas se va a publicar el jueves tal y como estaba previsto e insistió en que la alternativa a su Administración sería una batalla sangrienta por el liderazgo tory que debilitaría al partido, unas elecciones generales anticipadas que podría ganar el socialista Jeremy Corbyn y la necesidad de implorar a Bruselas para la postergación de la fecha de salida, porque con ese calendario sería imposible hacerlo el 29 de marzo del año que viene.


Unos creen que la tormenta pasará, otros que no ha hecho más que empezar. Theresa May sabe que le esperan días difíciles y que la Unión Europea la va a estrujar, pero está acostumbrada a las penurias. Necesita unos días de tranquilidad, sin nuevas dimisiones, que la visita de Trump transcurra todo lo bien que cabe desear y que el viernes Bruselas no rompa en pedazos el libro blanco. Si es así, incluso puede salir reforzada de las dimisiones y seguir tirando. Si no, puede acabar como una Margaret Thatcher de segunda división.


Pocos los echarán de menos


Tras el caos provocado por las dimisiones de Davis y Johnson, May parece tener un Gabinete más unido, con el apoyo incluso de exconspiradores como Michael Gove, Penny Mordaunt y Esther McVey. En el grupo parlamentario (donde se requieren 48 firmas para presentar una moción de confianza), los eurófilos se han alineado detrás del plan de Chequers, y los euroescépticos están divididos entre los utópicos que sueñan con un Brexit imposible y los realistas que asumen el mal menor de un Brexit a medias, o a un tercio de Brexit, que respete la voluntad popular expresada en el referéndum, pero mantenga el mayor alineamiento posible con la UE. Pocos van a echar de menos a los dos ministros que se han marchado, ni en sus departamentos ni en las capitales europeas. El primero, porque tiene fama de poco trabajador (sólo viajó cuatro veces a Bruselas) y de perder el tiempo en luchas por el poder, y el segundo, porque resulta demasiado grotesco y estrambótico para la mayoría de los gustos, especialmente los de Berlín y Bruselas. Sólo Donald Trump lo ha calificado de “amigo” y ha dicho que lamenta su salida.


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